Hay momentos en los que una persona se puede sentir la peor de las creaciones de este universo. Momentos en los que, de manera espontánea, un hedor a mediocridad nos inunda por todas partes.
De entre la maraña de mis pensamientos saco, esta noche, la mitad de mis falsos recuerdos para darte una explicación, vana, de todo lo que concierne a mi manera de actuar o pensar.
He sido una impresentable muestra de todo lo que quería ser. He sido un títere de mis propias inquietudes, inundadas de obsesión herida; de sincera atracción inmunda; de sencilla virtud enmascarada.
No hay manera de certificar que lo que digo es totalmente veraz. De hecho, mentí en más de una ocasión para no delatar mi presencia, para que no pudieras saber quién era aquel que pasaba noches enteras escribiendo reseñas de sus propias limitaciones. Aquel que golpeaba, solitario, acordes rotos en noches lluviosas; aquel que hizo sangrar en más de una ocasión su putrida guitarra que, inerte, yacía en sus brazos llorando recuerdos amargos que nunca llegarían a soldarse en su memoria.
Soy ese que intentaba llamar tu atención para hacerse más interesante a tu punto de vista. Un loco que quiso atrapar un suspiro con una cuerda de cristal. Rota esta, ya no hay suspiro que capturar, ni loco al que atar.
Llevo años sintiendo como mi propia vida se estrella contra un muro de acero templado.
Ahora es el momento de abandonar la batalla, de partir mi guitarra en dos y de no recordar más el brillo del deseo. De diluir mi piel enferma y renovar mi interior con aire helado. El aire que puedes sentir minutos antes de comenzar la tormenta, ese aire frio que te inunda los pulmones con angustia extraña.
Quiero recordar todo esto como un accidente. Como si no hubiese alternativa a haberlo vivido.
Quisiera saber por una vez, cual es el camino idoneo a seguir. No hay senderos que discurran por el limite del saber. No hay una señal que me indique donde debo abandonar todos estos sentimientos. No hay ningún lugar donde pueda olvidar todo lo que tengo en mis recuerdos.
No es una retirada, es un final. Ya no habrá momentos magicos en mi cabeza. Ni sonrisas en la sombra. Ya no más demostraciones de deseos tragicos. No habrá melodias que me recuerden a ti. Nada, simplemente nada.
Siento muchas cosas tras todo esto, sobre todo el haberme visto obligado a mentir. No es algo que me haga sentirme orgulloso. De hecho es lo único de lo que me arrepiento.
Sinceramente, esto ha sido simplemente un accidente… recuerdalo como tal.
No soy nada, recuerdame así.
Vive y sé feliz, por encima de todas las cosas. Es lo menos que puedes hacer por mí.
December 9, 2007 at 12:54 pm |
Un texto tremendo, aunque algo desconcertante…